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Entrevista: Miguel Ángel Berna, bailarín que impartió una master class en Teruel

“En Aragón se creó una jota un poco ficticia, una jota de escenario nada más”

El bailarín Miguel Ángel Berna ofreció ayer una master class en Teruel sobre la evolución de la danza popular, organizada por la Asociación Cultural Musicarte.

Isabel Muñoz/ Teruel

09/05/2016


El bailarín Miguel Ángel Berna ofreció ayer una master class en Teruel sobre la evolución de la danza popular, organizada por la Asociación Cultural Musicarte.

 El curso se centra en la evolución de la danza popular. ¿Cuál es esa evolución en el caso de la jota?

– Hablar de evolución en el caso de la jota es muy complicado. Yo, viniendo de donde vengo, de abajo, y mirando hacia atrás, lo que estoy haciendo es desaprender todo lo que aprendí, dándome cuenta de que a veces lo que nosotros entendemos por cosas auténticas a veces no lo son. Lo auténtico está en el pueblo y una vez que tienes lo auténtico entonces sí que tú lo puedes desarrollar. En Aragón, se creó una jota un poco ficticia, una jota que es de escenario nada más. Cuántas jotas ves en la calle bailar, populares, que la gente en Aragón baile la jota.

– Pero nuestros abuelos si lo hacían.

– Claro, efectivamente, eso creo que es lo que nos hemos olvidado. El problema que hay en este país es la memoria histórica, que nos hemos olvidado de la memoria histórica. Una jota que bailaba hace 40 años, yo empecé a bailar a los 8 tengo y ahora 48, cuando ves que no ha cambiado nada te haces un planteamiento, por qué ha pasado esto. La conclusión es que nos hemos convertido en espectadores. La gente que baila la jota en Aragón seremos el 1% o el 2%, nada más.

– ¿Cómo se puede cambiar esta tendencia?

– Esto es uno poco lo que hay que buscar. Yo lo que indagué un poco es en la historia de la Corona de Aragón que nos hemos quedado con el nombre pero nos hemos quedado un millón doscientos mil éramos Cataluña, Valencia, el sur de Italia el ducado de Atenas y nos hemos quedado sin mar. Curiosamente, estos resquicios donde queda todavía algo de jota popular auténtica, popular de verdad que se bailaba en las plazas, está en Teruel, en lo más cerca del mar: Mosqueruela, Puertomingalvo, toda esta zona. La jota que hemos confeccionado es una jota en la que nos identificamos pero no la bailamos, no somos partícipes. Para mí lo más importante es conocer la jota popular para de allí poder empezar a desarrollar técnicamente, coreográficamente. Desaprender todo lo que aprendí para volver a ver en nuestros mayores, en nuestra historia, qué hay de verdad, que hay de esencia y cómo lo pasamos a esta sociedad en la que son los dos dedos pulgares lo único que se menea. Se baila muy poquito, cómo hacemos que nuestros jóvenes se enganchen, claro, no lo podemos hacer a través de cómo bailaban nuestros abuelos porque la sociedad ha cambiado mucho.

– ¿Cómo se consigue eso?

– Lo que me interesa realmente es que recapacitemos porque la verdad no está en ninguna parte. El blanco y negro está muy bien, de vez en cuando vemos algún clásico en blanco y negro, pero es que la vida es en color. Tenemos que entrar en esa dinámica: dar valor al blanco y negro para que ahora el color empecemos a sacarlo. Estamos en esa etapa que nos va a costar una transición de 10 o 15 años si lo hacemos bien, si no lo perderemos. Después yo pienso también que hay espacio para todo el mundo.

 De esta investigación sobre la Corona de Aragón ha unido la jota con los bailes populares italianos, ¿cuáles son los nexos que hay entre ambos?

– El nexo es el Mediterráneo. Los puertos como el de Valencia y Barcelona ya no los tenemos. No es Aragón como lo conocemos hoy pero fueron muchos siglos de historia. En el siglo XV-XVI los soldados italianos bailaban con los soldados aragoneses. Esto está documentado. Yo he llegado a Italia y les he puesto una jota popular nuestra, le he quitado la voz y les he preguntado, esto qué es, y me han dicho: una tarantela. Qué significa, que ahí nos hemos perdido mucha historia. La historia se puede ver de muchas formas pero está claro que si la empezamos a estudiar salen las cosas a la luz.

– ¿En Italia ha pasado lo mismo que comentaba con la jota?

– En Italia ha pasado al revés, lo bueno que tienen es que lo popular sigue. Tienen la parte folclórica también, como la tenemos aquí, pero después la gente en la calle baila y canta y no se avergüenzan de sus cosas, al revés, les dan valor. Hace poquito estuve en un festival que había 150.000 personas de público en torno a la música popular, eso para nosotros prácticamente es impensable, y gente bailando, tocando. Esto es lo que echo en falta aquí. Como jotero nunca he bailado una jota espontáneamente, nunca, esto es como ir a aprender inglés y no poder practicarlo después. Qué sentido tiene.

 Ha dado master class todo el mundo, ¿en qué país llega más la jota?

– La jota no la conoce nadie. En España ha habido un problema, que el flamenco se ha comido todo. Entonces una muñeira, una sardana, una jota, un fandango es flamenco. Da igual lo que hagas, para ellos España es flamenco. Es una especie de frustración. Aquí decimos, la jota es lo más grande, pero lo más grande hay que decirlo fuera también. En cada ciudad del mundo donde he estado hay una academia de flamenco, de jota, la gente no sabe lo que es. Eso ha sido el drama para mí.

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